Cuando el profesor me preguntó del por qué estudiaba una carrera como ciencias de la comunicación, lo que vino a mi mente fue lo que siempre había pensado: "Escribir como Gabriel García Márquez". Quiero ser periodista sin dejar la literatura, o mejor dicho, quiero ser escritor y ser periodista. Y al instante cuando dije la última palabra, todos rieron.

¿Quién de niño no ha tenido el humilde sueño de ser escritor y ser conocido a nivel mundial? Con ese "quién" quizá no me refiera a mí, pues yo nunca quise ser escritor, ni nada que se asemeje a "eso". Yo sólo quería jugar fútbol toda mi vida, y morir. Tenía una pasión por patear una pelota en sexto grado, así como el afán desmesurado de mi profesora Gudelia--así se llamaba--porque tomáramos el gran gusto de leer un libro. Recuerdo las veces cuando nos sentaba, a los casi cuarenta "pirañas" que éramos, con los brazos cruzados, como quien reza, y los ojos cerrados, como quien seguía rezando; mientras ella nos leía como en un teatro, un cuento bien desconocido que bastaba unos minutos para que nos transformemos en esos personajes intrusos de la obra. Aunque ahora no me acuerdo de ninguno de aquellos cuentos, sí me acuerdo la gratificación que sentía al saber que se podía leer de esa manera. Eran vídeos como en formato DVD en la mente, y con un efecto sonoro mejor que "Mi Novela Favorita" lo que se proyectaba.
·
Cuando faltaba una semana para acabar la primaria, la maestra, con lágrimas en los ojos, se despidió de nosotros. Yo no sabía qué me esperaba en la secundaria, pero cuando empezaron la primeras clases de Lenguaje y Gramática, creo que recién entendí por qué la maestra había llorado. Sin duda que si no aparecía el "loco" profesor de literatura peruana y sudamericana en cuarto, hoy estaría estudiando ingeniería aeronáutica.
Cuando faltaba una semana para acabar la primaria, la maestra, con lágrimas en los ojos, se despidió de nosotros. Yo no sabía qué me esperaba en la secundaria, pero cuando empezaron la primeras clases de Lenguaje y Gramática, creo que recién entendí por qué la maestra había llorado. Sin duda que si no aparecía el "loco" profesor de literatura peruana y sudamericana en cuarto, hoy estaría estudiando ingeniería aeronáutica.
·
--"Soy el cantor de América, autóctono y salvaje..."--decía,y se regocijaba leyendo en voz alta. El tipo era un lector acérrimo, egresado de San Marcos; su carácter chocanesco lo delataba; también sus enormes libros de Neruda que llevaba a clases. Su voz desafiante, como un general del ejército, dirigiéndose a unos "perros" del batallón, nos hacía temblar a todos. Era "el loco" de las lecturas difíciles.
--"Soy el cantor de América, autóctono y salvaje..."--decía,y se regocijaba leyendo en voz alta. El tipo era un lector acérrimo, egresado de San Marcos; su carácter chocanesco lo delataba; también sus enormes libros de Neruda que llevaba a clases. Su voz desafiante, como un general del ejército, dirigiéndose a unos "perros" del batallón, nos hacía temblar a todos. Era "el loco" de las lecturas difíciles.
·
Hasta ese entonces nunca había leído una novela de tapa a tapa; lo único que había leído, eran los artículos periodísticos de no más de 8O palabras. No sabía que me gustaba leer, pero tuve que descubrirlo cuando "el loco" de cuarto nos hizo leer tres obras de diferente autores ingleses. Uno lo leí toditito, los otros dos, como se acostumbraba en el "cole", con mucha vergüenza,tuve que copiar el resumen del resumen para que no se diera cuenta.
Hasta ese entonces nunca había leído una novela de tapa a tapa; lo único que había leído, eran los artículos periodísticos de no más de 8O palabras. No sabía que me gustaba leer, pero tuve que descubrirlo cuando "el loco" de cuarto nos hizo leer tres obras de diferente autores ingleses. Uno lo leí toditito, los otros dos, como se acostumbraba en el "cole", con mucha vergüenza,tuve que copiar el resumen del resumen para que no se diera cuenta.
·
A mediados de ese mismo año de apasionantes y traumáticas clases de literatura, conocí a una muchacha casi de mi misma edad; yo tenía quince. Me enamoré perdidamente en los cinco días que estuvo en la ciudad. Amor genuino, amor ficticio, "gustito", ¡qué rayos sería! Lo que yo sentía era algo en el corazón y en la panza y quería describirlo. Entonces busqué mi pobre y desdichado cuaderno/blog, y me puse a escribir algo que parecía poesía. En verso escribía, y no sabía que era verso. Años más tarde me enteraría que el papel aguantaba todo. Creo que ahí estaba mi primer intento; tratando de recordar las clases de los profesores, para escribir algo bonito, y no me salió.
A mediados de ese mismo año de apasionantes y traumáticas clases de literatura, conocí a una muchacha casi de mi misma edad; yo tenía quince. Me enamoré perdidamente en los cinco días que estuvo en la ciudad. Amor genuino, amor ficticio, "gustito", ¡qué rayos sería! Lo que yo sentía era algo en el corazón y en la panza y quería describirlo. Entonces busqué mi pobre y desdichado cuaderno/blog, y me puse a escribir algo que parecía poesía. En verso escribía, y no sabía que era verso. Años más tarde me enteraría que el papel aguantaba todo. Creo que ahí estaba mi primer intento; tratando de recordar las clases de los profesores, para escribir algo bonito, y no me salió.
·
No puedo negar que mi primera inclinación a ser escritor surgió justamente en ese trance hormonal. Uno no sabe qué escribe, pero dice que siente amor; pero,¿qué es amor?¡vaya yo a saber! Si no sabía ni el nombre de la muchacha.
No puedo negar que mi primera inclinación a ser escritor surgió justamente en ese trance hormonal. Uno no sabe qué escribe, pero dice que siente amor; pero,¿qué es amor?¡vaya yo a saber! Si no sabía ni el nombre de la muchacha.
·
Cuando acabé el colegio, sabía tanta ciencia como para dedicarme a jugar fútbol toda mi vida, y morir. Los cuatro años que no puse las posaderas en una carpeta, puse los pies en los campos de fútbol. Había ratos durante el día, que cogía una novela o un libro de poesía y subía a la azotea a desparramarme sobre un montón de arena, para ponerme a leer. Creo que todo lo que aprendí en los once años del colegio, fue eso, leer. Cuando se me acabó el sueño cuasi utópico de jugar en Boca Juniors de Argentina, y después en el Manchester United de Inglaterra, me puse a estudiar e ingresé a la "Pedro". Quería ser como Gabriel García Márquez.
Cuando acabé el colegio, sabía tanta ciencia como para dedicarme a jugar fútbol toda mi vida, y morir. Los cuatro años que no puse las posaderas en una carpeta, puse los pies en los campos de fútbol. Había ratos durante el día, que cogía una novela o un libro de poesía y subía a la azotea a desparramarme sobre un montón de arena, para ponerme a leer. Creo que todo lo que aprendí en los once años del colegio, fue eso, leer. Cuando se me acabó el sueño cuasi utópico de jugar en Boca Juniors de Argentina, y después en el Manchester United de Inglaterra, me puse a estudiar e ingresé a la "Pedro". Quería ser como Gabriel García Márquez.
·
"Aquí en la escuela, el flanco débil de los alumnos es redacción; ya están en noveno ciclo y no saben redactar" --me dijo un amigo mío del noveno ciclo. No era lo que yo imaginaba cuando aún estaba postulando. Creí que en la Pedro sí me enseñarían a ser tan buen escritor como Gabriel García Márquez. Pero sin darme cuenta ya estoy en cuarto ciclo, y ahora que lo noto, casi el 90% de lo que he aprendido, hasta hoy, lo he aprendido por mi propia cuenta; y pienso que para ser como Gabriel García Márquez, no será la excepción.
"Aquí en la escuela, el flanco débil de los alumnos es redacción; ya están en noveno ciclo y no saben redactar" --me dijo un amigo mío del noveno ciclo. No era lo que yo imaginaba cuando aún estaba postulando. Creí que en la Pedro sí me enseñarían a ser tan buen escritor como Gabriel García Márquez. Pero sin darme cuenta ya estoy en cuarto ciclo, y ahora que lo noto, casi el 90% de lo que he aprendido, hasta hoy, lo he aprendido por mi propia cuenta; y pienso que para ser como Gabriel García Márquez, no será la excepción.
·
Dicen que a escribir se aprende leyendo, pero con todo lo que me está costado "este asunto", podría decir que es una media verdad disfrazada de aparente academismo. ¡No señores!--le repetiría a los que lo están intentando--ha escribir se aprende escribiendo, y mucho. Y lo digo hoy que estos empapado de conceptos de comas, puntos y comas, puntos y puntos finales. Quizás si me hubiese enterado de todo esto, en el momento que me enamoré, no habría intentado ser un escritor universal y nadie se habría reído mordaz y socarronamente por esto; pero gracias a Dios por la ignorancia de púber, esa que a veces nos salva sin querer.
Dicen que a escribir se aprende leyendo, pero con todo lo que me está costado "este asunto", podría decir que es una media verdad disfrazada de aparente academismo. ¡No señores!--le repetiría a los que lo están intentando--ha escribir se aprende escribiendo, y mucho. Y lo digo hoy que estos empapado de conceptos de comas, puntos y comas, puntos y puntos finales. Quizás si me hubiese enterado de todo esto, en el momento que me enamoré, no habría intentado ser un escritor universal y nadie se habría reído mordaz y socarronamente por esto; pero gracias a Dios por la ignorancia de púber, esa que a veces nos salva sin querer.
